Ideas de tatuajes

Borrar un tatuaje: láser, precio o taparlo

Por Actualizado el

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Sí se puede borrar un tatuaje casi siempre, aunque no rápido ni barato: el láser trabaja en sesiones separadas por semanas y la tinta se va poco a poco. Antes de pagar la primera, conoce las cinco salidas que existen y lo que cuesta cada una.

¿Se puede borrar un tatuaje? Las cinco salidas

Casi nunca se explican juntas. Las clínicas hablan del láser, los estudios del cover-up, y cada uno calla la opción que te manda con el otro. Las cinco son convivir con él, aclararlo con láser y luego taparlo, taparlo directamente, borrarlo por completo o cubrirlo de negro sólido, y cada una tiene su precio y su calendario.

La primera es la que todo el mundo se salta. Buena parte del arrepentimiento tiene que ver con el tamaño o el lugar y no con el dibujo, y un tatuaje que molesta a los tres meses muchas veces deja de notarse al año y medio. Ninguna de las otras salidas se complica por esperar medio año, así que darte ese margen no te cuesta nada.

Taparlo directamente es lo más rápido y lo más barato, pero solo funciona si la pieza vieja es chica, clara o ya está desvaída. Aclarar primero con dos a cinco sesiones y tatuar encima después es la respuesta habitual para algo oscuro o denso, porque devuelve casi toda la libertad de diseño. Borrarlo del todo es el único camino que termina con la piel limpia, o casi, y es el más largo: de uno a dos años. El negro sólido tapa lo que sea en pocas sesiones y, a cambio, cierra para siempre las demás opciones sobre esa piel.

Cómo funciona el láser para borrar tatuajes

Los equipos que se usan, láseres Q-switched y cada vez más de picosegundos, disparan pulsos de luz brevísimos en una longitud de onda que la tinta absorbe y la piel de alrededor casi no. El pigmento se calienta más rápido de lo que puede soltar esa energía y se rompe en fragmentos, que el sistema inmunitario retira por vía linfática durante las semanas siguientes. De ahí la espera de seis a ocho semanas entre sesiones: el láser solo fragmenta, y quien borra de verdad es tu cuerpo.

El color decide la dificultad. El negro absorbe todas las longitudes de onda y es el que mejor sale, y el rojo responde bien. El verde y el azul son tercos y necesitan longitudes de onda concretas que no todas las clínicas tienen, algo que conviene preguntar antes de comprar un paquete. El amarillo apenas se mueve, y las tintas blancas o color piel pueden oxidarse bajo el láser y oscurecerse; por eso un profesional competente prueba primero sobre un área pequeña.

Tu cuerpo cuenta tanto como el tatuaje. La circulación se lleva los fragmentos, así que una pieza en el tobillo sale más despacio que la misma en el hombro, y fumar también frena el proceso. En 2009 un grupo de dermatólogos publicó la escala Kirby-Desai para estimar cuántas sesiones pide un tatuaje concreto, y puntúa seis factores: el fototipo de piel, la ubicación en el cuerpo, los colores, la cantidad de tinta, si ya hay cicatriz y si el tatuaje tapa a otro más viejo.

Un trabajo casero, todo negro y sobre un hombro de piel clara está en el extremo fácil de los seis. Una pieza profesional densa, en verdes y azules, baja en la pierna de una piel morena y encima de un tatuaje anterior está en el extremo difícil de todos a la vez, y puede pasar de quince sesiones sin quedar limpia. Si una clínica te da un número de sesiones sin preguntarte por casi nada de esto, eso ya dice algo de la clínica.

Borrar tatuajes: precio por sesión y total

Se cobra por sesión, según el tamaño del área tratada, y casi nunca se anuncia el total, que es lo que de verdad importa. En México, una sesión para un tatuaje chico, de una moneda a unos cinco centímetros, suele costar de 800 a 2,000 pesos; una pieza del tamaño de la palma, de 1,500 a 3,500; y un área grande a color, de 3,500 en adelante. Con ocho a doce sesiones, quitar del todo algo del tamaño de la palma puede sumar de 12,000 a 40,000 pesos.

En Colombia, las clínicas de las ciudades grandes cobran más o menos de 150,000 a 600,000 pesos colombianos por sesión según el área, y en España se paga desde unos 50 euros por un tatuaje pequeño hasta 250 o más por una zona extensa. En Argentina el valor en pesos se actualiza tan seguido que conviene comparar por número de sesiones y por el precio del paquete completo, no por lo que cuesta una visita aislada. Son órdenes de magnitud; la cotización que vale es la que te hagan tras revisar tu tatuaje.

Muchas clínicas venden un paquete de sesiones ilimitadas hasta terminar. Sale más barato que pagar visita por visita si de verdad piensas llegar al final, y peor si te detienes cuando ya quedó lo bastante claro, que es lo que mucha gente sensata acaba haciendo. Aclarar para un cover-up, con dos a cinco sesiones, es la compra más rentable de esta guía: recupera casi toda la libertad de diseño por una fracción de lo que costaría la eliminación completa.

La piel después de borrar un tatuaje con láser

Justo después de cada disparo la zona se pone blanca, como escarchada, durante unos minutos; es gas que se forma en la piel y se disipa solo. Luego llegan el enrojecimiento, la hinchazón y una sensación parecida a una quemadura de sol, y en muchas personas aparecen ampollas en las primeras horas o días, a veces con puntitos de sangre. Todo eso es la reacción esperada de una herida superficial.

Los días siguientes se cuida como una herida: limpia y cubierta según te indique la clínica, sin reventar ampollas ni arrancar costras, y sin nada de sol entre sesiones. La piel bronceada compite con la tinta por la energía del láser, y una clínica responsable no dispara sobre una zona tostada; si vives en la costa o la cita cae en verano, eso obliga a planear el calendario.

A largo plazo, lo más común es que la piel tratada quede algo más clara que la de alrededor o, sobre todo en pieles morenas y oscuras, algo más oscura. Muchas veces esa diferencia se empareja con los meses, aunque no siempre del todo. También es frecuente un fantasma del dibujo, una sombra tenue del contorno que se queda cuando ya casi no hay tinta.

La cicatriz no es lo normal con un láser bien manejado, pero figura entre los riesgos junto con la infección, y es bastante más probable si se revientan las ampollas o con métodos viejos como la dermoabrasión. Cualquier cicatriz que ya dejó el tatuaje original seguirá ahí cuando la tinta se vaya. Si algo empeora en vez de mejorar, o no cierra en el plazo que te dieron, vuelve a la clínica o consulta a un dermatólogo.

Clínica para borrar tatuajes: cómo elegir una cerca de ti

Que quede cerca importa, porque vas a volver muchas veces durante uno o dos años, pero no es lo primero. Busca un lugar donde el láser lo maneje un médico o personal capacitado bajo responsabilidad médica, con su permiso sanitario a la vista, y pregunta qué equipo usan y qué longitudes de onda tiene. Si tu tatuaje lleva verdes o azules, que te expliquen cómo los van a tratar.

Una buena primera consulta revisa tu fototipo, la zona, los colores y la densidad de la tinta, pregunta por tu salud y por medicamentos que vuelven la piel sensible a la luz y hace una prueba en un área pequeña. Al final deberías tener por escrito cuántas sesiones calculan, cada cuánto, el costo total o del paquete y qué pasa si decides parar antes.

Desconfía de quien promete dejarte la piel limpia en tres sesiones, de las cremas para borrar tatuajes y de los métodos caseros con sal, ácidos o lija. La tinta está en la dermis, por debajo de donde actúa cualquier crema; la FDA, la autoridad sanitaria de Estados Unidos, no ha aprobado ninguna y advierte que pueden causar irritación, quemaduras o cicatrices. La dermoabrasión y la salabrasión no sacan el pigmento, lastiman la piel que lo rodea y dan resultados muy irregulares.

La extirpación quirúrgica es la excepción con un uso real: un tatuaje pequeño, en piel con holgura suficiente para cerrar, cuando prefieres una cicatriz fina a dos años de citas. Esa conversación es con un cirujano plástico o un dermatólogo, no con un catálogo de ofertas.

Tapar en vez de borrar: el cover-up y el tatuaje con un nombre

Un cover-up no es dibujar encima, sino un diseño nuevo pensado para que tu mirada lo lea a él y no a lo que hay debajo. La tinta vieja no se va: sigue en la dermis, y con luz rasante una mancha grande de negro antiguo se adivina bajo casi cualquier cosa. Los tatuadores trabajan con tres reglas que limitan el diseño antes de que lo elijas. Más grande, porque la pieza nueva suele necesitar bastante más área que la vieja. Más oscuro, porque ningún tono claro tapa uno oscuro. Y más cargado, porque el detalle y la irregularidad rompen la sombra, mientras que los degradados lisos y las rectas la delatan.

Por eso tapar un nombre cuesta más de lo que parece: el ojo busca letras y las encuentra entre las hojas, las plumas o las olas del diseño nuevo. Lo que mejor funciona es aclarar el nombre con dos o tres sesiones de láser y cubrirlo después con algo denso y orgánico, flores, animales o follaje, mejor que con otro texto. Si el problema es una sola letra mal escrita, la caligrafía es el único estilo que el láser puede editar: se trata esa letra, se deja sanar y se rehace.

Hay una paradoja incómoda. Los estilos que mejor tapan, el blackwork, el tribal, el japonés y el tradicional de relleno sólido, son también los más difíciles de borrar después, así que todo buen cover-up es una apuesta a que esa será la última decisión sobre ese pedazo de piel. La línea fina, la acuarela y lo minimalista casi nunca tapan nada. Un tribal pequeño y oscuro no se cubre con un floral delicado sin aclararlo antes, y lo que te devuelve esa opción no es un mejor tatuador, sino dos o tres sesiones de láser.

El blackout, rellenar de negro toda el área, tapa cualquier cosa en unas pocas sesiones largas, y para algunas personas es justo la estética que buscan. Como último recurso merece más dudas de las que despierta: encima ya solo cabe tinta blanca, que es poco fiable; es lo más difícil de borrar que existe; el negro extenso se vuelve con los años de un gris verdoso disparejo que pide retoques; y oculta lunares y cambios de la piel a ti y a tu dermatólogo. Además, cualquier cover-up sana más lento que un tatuaje normal, porque la piel recibe un segundo trauma en el mismo lugar y casi siempre mucha más tinta.

Preguntas frecuentes

¿Duele más borrar un tatuaje que hacérselo?

Casi todos dicen que sí, pero dura muy poco. Se describe como una liga caliente que golpea la piel, y una sesión son minutos, no horas. Las clínicas usan aire frío, hielo o anestesia tópica, y las zonas que costó aguantar al tatuar son las mismas que cuestan bajo el láser.

¿Cuánto tiempo tarda en borrarse un tatuaje por completo?

De uno a dos años en la mayoría de los casos, porque las sesiones van separadas de seis a ocho semanas para que el cuerpo retire la tinta fragmentada. Si borras para hacerte otro diseño en el mismo lugar, habla con la clínica y con el tatuador un año antes de cuando quieras el nuevo.

¿Se puede borrar solo una parte del tatuaje?

Sí, y es de lo más útil que hace el láser. Se puede tratar una letra, una fecha, uno de los dibujos sueltos de un brazo con muchos, o la zona exacta que estorba a un rediseño, sin tocar lo demás.

¿Cómo pruebo un cover-up antes de decidir?

Fotografía el tatuaje que ya tienes y pon encima el diseño nuevo en el simulador de InkCraft, a su tamaño real. Verás enseguida si lo cubre con margen o si hace falta aclararlo con láser antes de hablar con el tatuador.

Míralo en tu piel antes de decidir

InkCraft coloca cualquiera de estos diseños sobre una foto tuya, ajustado y envuelto a la zona que elijas, para que lo juzgues antes de que sea permanente.

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